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La última

Por delicadeza

Me acusas de jugar siempre al empate.
Me acusas de no presentar batalla.
Me acusas de empezar cada combate
tirando la toalla.

Me acusas de tomarte de rehén.
Te acuso de quererme a sangre fría.
Me acusas de afinar mi puntería,
hiriéndome en la sien.

Pero aquí sigo estando, ya lo ves,
salvado por la campana,
con mi nombre en tu diana,
con tu boca en la manzana
del árbol de Lucifer.

Porque a veces no basta un porque sí.
Prefiero seguir dudando
entre el depende y el cuándo,
entre lo duro y lo blando.
Ni tan puro ni tan ruin

Me acusas de abrazarte al por menor.
De barajar las cartas boca abajo.
Me acusas de encontrar siempre un atajo
para tratarnos peor.

Me acusas de no dar nunca la cara.
Me acusas de escupir mirando al cielo.
Me acusas de que mi arma no dispara
más que balas de hielo.

Pero aquí sigo estando, ya lo ves,
salvado por la campana,
con mi nombre en tu diana,
con tu boca en la manzana
del árbol de Lucifer.

Porque a veces no basta un porque sí.
Prefiero seguir dudando
entre el depende y el cuándo,
entre lo duro y lo blando.
Ni tan puro ni tan ruin

Me acusas de quererte y no buscarte.
Me acusas de incendiarte la cabeza.
Ayer te quise por amor al arte,
hoy por delicadeza.

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9 de mayo de 2017, 7:35 pm.

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