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Sueños húmedos

2:21 am
Llevaba cerca de 2 horas que David había caído completamente dormido y yo no podía conciliar el sueño. No sé cómo hace David para dormir tan rápido, lo envidio tanto; a penas su cabeza toca la almohada y se comienza a escuchar su respiración acompañada de un leve ronquido. En cambio conmigo la situación es distinta. Puedo meterme a la cama desde las 9 de la noche y el sueño no me atrapa sino hasta media noche, si me va bien. Incluso hay días en los que prefiero levantarme de la cama y repasar los pendientes del trabajo, para ver si así logro ganar algo de sueño.

2:50 am
Ya estaba harta. Llevaba casi tres horas metida en esa cama sin poder dormir. Pensé en prender el televisor, pero seguramente David se despertaría y tampoco soy tan mala persona. Unos días atrás había escuchado a unos hombres decir: “No hay insomnio que aguante tres…” Bueno, pero con David al lado de mí ni eso podía hacer. Mi mente estaba tan activa que comencé a pensar si había cerrado bien la puerta, si le había hablado a mi amiga o si había agendado la cita de la semana próxima. En mis revoltijos de pensamiento incluso recordé el trío que hice con Claudia y Mark en Jamaica. La verdad es que muero de ganas de hacerlo una vez más, debería de proponerle hacerlo otra vez.

2:58 am
David despertó, me dio un beso en la frente y se dio la vuelta. En 5 segundos ya estaba roncando de nuevo. De pronto mi mente volvió a recordar lo que dijeron esos hombres y ya no me pareció tan mala idea.

3:23 am
Mis pezones comenzaron a endurecer poco a poco. Las puntas de mis dedos los rodeaban lentamente y apretaban con cierto grado de intensidad, mientras mi mente imaginaba la silueta de un antiguo novio de Claudia que siempre me había gustado. Lamí un poco los dedos de mi mano derecha y sin despertar a David, la deslicé por debajo de mi ropa interior hasta llegar a mi clítoris. Apenas lo rocé y sentí un leve calor que recorrió mi cuerpo, concentrándose entre mis piernas. Con mucha calma, pero con un ritmo constante empecé a frotarlo, presionándolo con más fuerza mientras mi respiración se aceleraba. Deslicé mis dedos un poco más hacia abajo e introduje un par intentando llegar lo más profundo posible, mientras que el pulgar continuaba jugueteando con su nuevo mejor amigo. Mis piernas se cerraron con más fuerza y de forma involuntaria, como intentando atrapar mis propios dedos para siempre. Mientras apretaba mis labios con fuerza para que ningún grito se pudiera escapar, mis dedos encontraron mi punto G. Comencé a frotarlo de arriba hacia abajo con la yema de los dedos, disfrutando cada roce más y más. No podía parar. Durante mi adolescencia me había vuelto tan experta en mí misma, que nadie había podido hacerme llegar tan lejos como yo me llevaba. Seguí frotando, imaginándome su cuerpo desnudo sobre mí. Casi podía sentir como Enrique, el ex de Claudia, cogía mis nalgas con ambas manos, mientras su barba larga raspaba mi cuello. Era como tenerlo ahí, conmigo, sintiendo su miembro entrar una y otra vez, haciéndome gritar de placer. En mi imaginación, mis gemidos eran tan intensos que casi grito de verdad. Podía sentir ya algunas gotas de sudor recorriéndome la piel, un pequeño temblor originado desde mi clítoris invadió mi cuerpo; sabía que estaba a punto de tocar el punto más alto que hacía estallar todas las sensaciones de mi cuerpo, cuando sentí que una mano comenzaba a recorrer el interior de mis muslos, subiendo peligrosamente. Sin pedir permiso y con decisión se sumergió entre mis piernas, compartiendo espacio con mis propios dedos. Abrí los ojos y sólo pude ver la sonrisa retorcida de David: “Por qué no me despertaste antes”, me dijo. Entonces solté mis labios para intentar responder algo, pero de mi boca sólo pudo salir un estruendoso gemido que se había acumulado por minutos. Mientras seguía hundiendo sus dedos en mi húmeda vagina, comenzó a morder mis pezones, provocándome una sensación de dolor placentero que sólo me hacía retorcer más y más. Sin pensarlo dos veces metí mi mano en su ropa interior y para mi sorpresa, su miembro estaba listo para mí. Sin dudarlo tomé el mando y lo empujé hacia atrás. Aventé el edredón al suelo, me quité la blusa y me subí sobre él. Con un par de movimientos pélvicos logré sentarme correctamente en su miembro y comencé a moverme de adelante hacia atrás una y otra vez, sintiendo la rigidez de su ser en cada centímetro de mi interior. Tomé sus manos y las puse sobre la cama, dejando mis senos a la altura de su boca para que continuara mordiendo, mientras yo controlaba su mástil dentro de mí. Cada vez que apretaba los músculos de mi pelvis, podía ver su cara de placer. Sin pensarlo siquiera, le solté una bofetada: “cógeme más fuerte, cabrón”, le dije, “como si fuera la última vez”. Sentí inmediatamente como su pene se endureció aún más, mientras esbozaba una sonrisa que hasta ese día no había visto. Entonces me mordió los senos con mayor intensidad, logrando que diera un grito más fuerte, pero sin dejar de mover el culo para seguir sintiéndolo dentro de mí. Repetí la bofetada una vez más y él respondió soltándose de mis manos y apretando fuertemente mis nalgas, tomando el control de ellas para moverme más y más. Instintivamente, mi mano se movió a mi clítoris, que para ese momento ya estaba increíblemente duro, y comencé a presionarlo al ritmo que él me marcaba, para aumentar la dosis de placer. Ya no podía más, estaba a punto de estallar, cuando sentí su mano alrededor de mi cuello asfixiándome. Al sentir eso, la adrenalina comenzó a correr por mi cuerpo más rápido hasta que todo el placer se filtró por mis labios, desembocando en un grito de éxtasis incontrolable de ambos. Sentí claramente como su líquido se inyectaba dentro de mí, al mismo tiempo que mis piernas comenzaron a temblar de una manera incontrolable. Los dos, con los ojos apretados y soltando gemidos, comenzamos a relajarnos lentamente, disfrutando ese orgasmo compartido que nos quemaba por dentro. Me dejé caer sobre él. Nuestras respiraciones se cruzaron por unos momentos. “Me encantas”, me dijo, a lo que respondí: “Buenas noches”. Me giré un poco, dejé caer mi cuerpo desnudo junto a él y cerré los ojos. Dormí profundamente.

4:17 am
Creo que David ya no pudo conciliar el sueño. En cambio yo dormí plácidamente hasta que salió el sol.


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